Xochimilco suele aparecer en fotografías llenas de trajineras, música y colores. Sin embargo, su historia no se entiende solamente desde una embarcación turística. El paisaje también está formado por parcelas cultivadas, canales estrechos, acequias y árboles que ayudan a sostener los bordes de la tierra. Las chinampas son terrenos artificiales construidos dentro de un entorno lacustre. La FAO las describe como parte de un sistema agrícola tradicional rodeado por canales y zanjas, con hileras de ahuejotes, una especie nativa de sauce que forma parte de la estructura del paisaje. Por eso, la expresión “jardines flotantes” debe tomarse con cuidado. Sirve como una imagen atractiva para explicar Xochimilco a primera vista, pero puede provocar una idea equivocada. Las chinampas no son balsas decorativas que navegan libremente por el agua. En términos prácticos, son parcelas estables integradas a una red de canales. El agua no funciona solamente como fondo para fotografías: organiza el territorio, separa los terrenos y permite desplazarse entre áreas productivas. El sistema permitió aprovechar un espacio difícil para el asentamiento humano y para el cultivo. La UNESCO considera que la red de canales e islas artificiales de Xochimilco constituye un ejemplo excepcional de la manera en que los pueblos prehispánicos construyeron un hábitat dentro de un entorno lacustre complejo. Xochimilco forma parte de la Lista del Patrimonio Mundial desde 1987. Ese reconocimiento no se limita a una imagen pintoresca ni a la popularidad de sus embarcaderos. También abarca un paisaje histórico moldeado por la interacción entre el agua, la agricultura y las comunidades locales. Las chinampas tampoco pertenecen únicamente al pasado. En la zona todavía se cultivan hortalizas, maíz nativo y flores como cempasúchil, dalia y nochebuena. La Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México destaca que este territorio mantiene funciones productivas, ambientales y bioculturales. Los ahuejotes forman parte de esa lógica. Sus hileras ayudan a reconocer los límites de las parcelas y construyen una imagen característica de los canales menos transitados. A su alrededor, la actividad agrícola continúa vinculada con temporadas de cultivo, mercados locales y prácticas transmitidas durante generaciones. Mirar Xochimilco desde esta perspectiva cambia la visita. Las trajineras siguen siendo parte de la experiencia, pero los canales dejan de ser solamente un escenario recreativo y recuperan su sentido original: son la infraestructura de un paisaje agrícola vivo. Navegación de entradas Diez íconos del Metro CDMX y la historia que cuentan El hallazgo accidental que reveló el corazón de Tenochtitlan